Volverse
adulto se trata un poco de dejar de mentirse que “todo está bien”, que “ya
va a pasar”, que “algo mejor vendrá” y asumir por primera vez que la hemos ‘fregado’.
Dejar de autojustificarnos diciendo que hicimos lo mejor que pudimos en ese
momento cuando tal vez no hicimos nada, o peor aún, justificar al otro
señalando todo lo bueno que hizo para una vez más enaltecerlo.
A veces,
pasajeros de esta vida que no es nuestra sino del ‘malón’, nos olvidamos de
querernos, de cuidarnos, de protegernos, de elegirnos. Evitamos a toda costa
nuestra compañía porque nos aterra la soledad. En cambio, en grupo, en conjunto,
en sociedad sentimos la seguridad de ser propios, de ser uno mismo. Y sí, suena
muy tonto pero es cierto.
Lo paradójico es que esto lo experimentamos cuando empezamos a andar con alguien, a ‘salir’, a darnos. Empezamos a cambiar sin darnos cuenta. Claro, queremos agradarle y ser el centro de atención del otro. Queremos cumplir con lo que nos pide “por amor” y para que no llegue otro/a y nos lo quite, como si estar en una relación significara pertenecerle a esa persona.
Lo paradójico es que esto lo experimentamos cuando empezamos a andar con alguien, a ‘salir’, a darnos. Empezamos a cambiar sin darnos cuenta. Claro, queremos agradarle y ser el centro de atención del otro. Queremos cumplir con lo que nos pide “por amor” y para que no llegue otro/a y nos lo quite, como si estar en una relación significara pertenecerle a esa persona.
Estamos todo el tiempo expresando lo que sentimos y luchando por esa otra persona, vaciándonos por completo por él/ella y para él/ella. Nos desvivimos por complacer sus gustos, cumplir sus deseos y sueños, por ayudarlo/a en sus metas y poco a poco dejamos de ser esas personas libres que éramos ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué intención?
Jamás
llegamos a responder esos interrogantes por una sola razón: miedo. Tememos a
asegurarnos que nos perdimos, que dejamos de querernos, que nuestro atractivo
se esfumó porque ahora somos un parásito, una sanguijuela, una extensión de ese
alguien.
Y un día
despertamos creyendo que a pesar de darle a esa persona todas las herramientas
para destruirnos no lo hará. Nos confiamos y otra vez nos equivocamos. La
pregunta una vez más es ¿por qué? ¿Por qué no tomamos la determinación de
cambiar nuestro destino? ¿Por qué nos entregamos como un cervatillo a punto de
ser cazado? ¿Por qué pensamos que quien nos ama jamás nos dañará, que no se
irá, que nos salvará de todo siempre? Lo endiosamos, y volvemos a perder
nuestro norte, a nosotros.
Después
sobreviene la angustia que causa la encrucijada. El estar a medio camino de
nuestros sueños y de los demás. Forzamos todo para que encuadre, para que
encaje. Queremos que el puzzle se arme a la perfección con piezas de otro
rompecabezas. Volvemos sobre nuestros pasos, leemos entre líneas o creemos leerlas,
armamos historias, deseos, un futuro y creemos que ese es nuestro destino o
queremos que lo sea. Seguimos festejando nuestras mentiras cuando estamos en el
medio de los escombros de lo que somos y de lo que fuimos. Necios celebramos
cada victoria que logramos en nombre del amor. Los vasallos siempre hacen eso,
se dejan llevar de las narices creyendo que ese algo que está por encima de uno lo
vale. ¡Tontos! Nuevamente se han traicionado.
Por fin
cuando empieza a pender de un hilo abrimos los ojos y queremos recuperar el
tiempo y empezar todo de nuevo. Rompemos en llanto y con más dudas que certezas
queremos buscar el camino que nos regrese a nosotros para no perderlo todo,
pero ese es el fin del mundo, de ese mundo que construimos. Y fugazmente esa
relación que tanto se llevó de nosotros da el último zarpazo y nos arranca
todo, nos rompe, nos fragmenta. Pero a pesar de todo ello seguimos necesitando
de esos brazos que nos curen el amargo dolor que punza en el pecho. Nos
agujereamos la piel y nos dejamos casi sin vida, en el limbo, esperando una
salvación. Salvación que un día descubriremos, sólo está en nuestras manos; y
sólo accederemos a ella cuando seamos capaces de sernos sinceros y cantarnos
todas las verdades…
***Por favor escuchate este tema de Vane Butera, es un gran regalo***
***Por favor escuchate este tema de Vane Butera, es un gran regalo***

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