miércoles, 29 de mayo de 2019

Conversaciones borgeanas


«...Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios, detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías.»
"Ajedrez" - Jorge Luis Borges 




             Te veo y en la invocación desentraño un sueño transfigurado, una amalgama de colores que pretenden aclarar las vertientes de mis visiones. Recuerdo, entonces, que el escritor se asemeja a un ilustrador de fuegos invisibles que laten sin saberlo...
                  Dichoso aquel al que no le urgen los desvelos de la tinta que encarnizan las audaces batallas del alma. Alma que en la magia de lo agnóstico redescubre los silencios inmateriales del cosmo, que son eco de esos universos que atesoramos y nos hierven en los recuerdos azorados de la selva de ideas. Y allí, un río bosqueja el camino del encuentro de lo ficticio y lo fáctico. Ese dramático planeta, apenas explorado, donde las letras y lo "real" convergen en un juego espejístico de potencialidades.
                 Trazo simultaneidades, recuerdos, hechos, inventos, desdichadas historias de traidores amotinados en el ideario cultural, ruinas circulares, magos, charlatanes, opus dei, reencarnaciones, trasmigraciones, almas viejas, hilos rojos, destinos marcados y recurrentes, casualidades, causalidades, moiras, fatum... y reescribo la historia donde, tal vez, la heregía me condena. Pues un mapa desconocido, me trasmuta el sueño que nos anhela recidiendo en este tiempo que no existe, pero nos marca y nos cambia.
               Feroz Pandora de las cabilaciones que nos cuenta a penas el grano de mostaza del que venimos. Quiero poder estirar un poco más de la cuerda, tejer nuevos recuerdos, cuentos, mitos que enseñen a los que vendrán que esa materia incomprensible está en el desprendimiento de lo que cabalmente conocemos, en la esperanza de ese otro, de ese alguien que queremos dejar existir y que nos anime a despertar de esta tiniebla del "ser"...
                    Quiero que aprendamos a despojarnos de estas ropas que cargamos por ser "dignos" elegidos, llamados a la existencia desde el polvo (evangélico o científico, literario), y nos reunamos con esa matrix donde somos un montón de vectores trazados al vacío y al infinito, incapaces de agotarnos en posibilidades. Aquel lugar donde todos somos todo, somos nada, somos uno, fantasmas, simulacros, espejos, materia onírica de un gran ajedresista ilusorio.

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