miércoles, 26 de julio de 2017

Miedo

"...Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño
que reflojo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño
así como en el cielo no ha cabido una estrella.)"
Pablo Neruda. - Tengo miedo.
          Conozco su guarida, yace en mi pecho y año a año acrecenta su espacio y ya ha tomado forma de un monstruo. Bajé la guardia un día y lo expuse a domar mi mente. Me frené en innumerables ocasiones angustiándome por la incertidumbre que causa aquello que ni siquiera sabía si iba a suceder. Siempre sufrí imaginándome el peor de los resultados como consecuencia de cada acto.

          Un día incluso le dije a mi mejor amigo: <<¿Sabes qué siento que es lo peor de crecer? El miedo, siempre separando lo que somos de lo que podríamos ser. Cuando era pequeña nada me asustaba, nada me aturdía, nada era un impedimento para mi imaginación, nada me convencía de no intentar llevar acabo hasta la idea más descabellada que se me podía pasar por la mente... Nunca le decía que no a intentar andar en bicicleta sin rueditas de entrenamiento, por más que me raspara las rodillas y los codos mil veces; y hasta se me ocurrió también, aprender a patinar. El problema fue que conseguí el skate de grande, me caí de espaldas una vez, y por miedo a volver a caer lo dejé juntando polvo.>>

          Lo que quiero decir es que ser chicos es menos complicado, no nos preocupa la "cascarita" en la herida cicatrizando y hasta somos capaces de adentrarnos en un bosque oscuro o subir a la montaña rusa más alta por la adrenalina que nos causa. Siendo grandes nos atemoriza una mala calificación por temor al futuro, decir lo que sentimos por lo que puedan llegar a pensar de nosotros, dejar ir a alguien para no sentirnos sólos, amar para que no nos rompan el corazón, irnos de casa para no crecer, viajar para no morir en el vuelo, elegir lo que nos hace feliz para no fallarle a nadie.


          Cada decisión que tomamos lo hacemos posicionados en la cobardía porque tal vez en el bosque no hallemos un lobo tratando de cazarnos sino un espejo que nos muestre que estamos viviendo sin vivir, que nuestro sistema nervioso está alerta todo el tiempo esperando el ataque, y capaz desde el otro lado, desde el valor nos espera alguien grandioso. Y ese alguien quizá somos nosotros mismos, o lo que podríamos llegar a ser.

          Lo cierto es que el miedo crece con nosotros no sólo porque cada uno lo permite sino porque el egoísmo y la indiferencia de la sociedad, en la que transcurrimos, lo avala. La humanidad entera siempre ha luchado por generar grandes hombres y mujeres que los represente, ideales, influyentes, los mejores en todo, pero dentro seguimos siendo seres llenos de inseguridades, inestables, vacilantes e indecisos. En definitiva a todos nos asecha el miedo queramos o no.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario